
En dicha conversación se encontraba presente un actor muy malo, que se dirigía principalmente hacia Rusiñol, sin duda por tratarse del personaje de más prestigio en la tertulia.
- Mire usted. don Santiago -le decía-; mi padre, que era enemigo acérrimo del teatro, se opuso con todas sus fuerzas a que yo fuese actor. Y cuando cumplí los veinte años me ofreció cien mil pesetas de la época, eso sí, tenía que haber renunciado a ser artista.